
DIEGO FERNANDO PRIETO

























PRESENCIAS DIFUSAS
Proyecto iniciado en 2009 y aún en proceso.
​Retratarse es intentar fijar aquello que el tiempo transforma. A lo largo de los siglos, el retrato ha acompañado ese deseo de permanecer frente a lo transitorio. Sin embargo, toda imagen que busca retener una presencia lleva también la marca de su pérdida.
El interés por el retrato surge de esa contradicción. La figura aparece, pero no permanece intacta. Se transforma con la mirada, con la memoria y con el paso del tiempo. Más que afirmar una identidad, la imagen se convierte en un lugar donde la presencia se produce y se modifica.
Imágenes de distintos momentos de la historia del retrato entran en contacto con el presente. En la pintura, esos tiempos se cruzan y se superponen; las figuras cambian de lugar, establecen nuevas relaciones y adquieren otros sentidos. El pasado no aparece como algo cerrado, sino como una materia que continúa actuando sobre el presente. La pintura se construye en ese movimiento. La figura no está completamente definida antes de aparecer, sino que surge, se modifica y encuentra nuevas formas durante el proceso. Cada transformación conserva algo de lo anterior y, al mismo tiempo, abre una nueva posibilidad para la imagen. Pintar implica entonces construir y alterar, acercarse y alejarse, permitir que algo aparezca sin llegar a fijarlo por completo.
Frente a la velocidad con que circulan las imágenes contemporáneas, el retrato introduce otra duración. Invita a detenerse, a mirar durante más tiempo, a permanecer frente a una figura y percibir aquello que cambia mientras se la observa.
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Más que conservar una presencia, estas pinturas hacen visible su tránsito. La imagen se construye como un acontecimiento abierto, atravesado por relaciones, memorias y tiempos que continúan actuando sobre ella. Aparecer no significa llegar a una forma definitiva, sino entrar en un proceso de transformación.






